9 de diciembre de 2012

Utopía


Llegado el momento, era inevitable hacerse la pregunta que llevaba tanto tiempo evitando: ¿Estaba enamorada o era sólo un capricho pasajero?

Empezó un año atrás, cuando por caprichos del destino, le conoció. Fue durante una noche más, no había nada que indicase que fuese una noche de la que se iba a acordar durante mucho tiempo. Todo transcurrió con normalidad, y cuando amaneció ni siquiera pensó que volvería a oír hablar de él. Pero así fue, unos días más tarde, llegó a sus oídos el interés del chico de un par de días atrás por volver a hablar. “Volver” porque había sido lo único que habían hecho aquella noche: hablar.

En un principio, ella se negó. Al fin y al cabo, no le conocía de nada y no tenía especial interés e hacerlo, pero después la cosa cambió: ¿Qué iba a pasar por hablar con alguien y conocerle un poco más?
Unas semanas después, ya se habían reído juntos, ya habían hablado de cosas serias y ya sabían demasiadas cosas el uno del otro. Habían llegado a un punto en el que ya no había vuelta atrás.

O sí. Una tercera persona por parte de él y la lealtad a una amiga por parte de ella, sumado al orgullo de ambas y a la dificultad de decir las cosas claras, habían hecho que todo se enfriase a la velocidad de la luz.
En muy poco tiempo, ambos habían pasado de desear día a día que llegase el momento de hablar el uno con el otro, a intentar alejarse sigilosamente, intentando que todo llegase a su fin lo más pronto posible. Pero eso era muy difícil, habían sido muchas horas compartidas, muchas risas, muchas historias, muchos consejos, y cada poco tiempo había una “recaída”, que se mantenía por muy poco tiempo. La confianza ya no era la misma, y obviar la realidad del tema era inevitable.

Aun así, no fue suficiente. Pasaba el tiempo y ella le recordaba día tras día, soñaba con como serían unos minutos junto a él. Luego se daba cuenta de que era una utopía y volvía a la realidad: no estarían juntos nunca. Se aferraba a los recuerdos, quería creer que era una mala racha, que todo eran historias inventadas por su cabeza, que todo seguía como al principio, o que todo había sido un pasatiempo para él.
Pero no era así. El tiempo pasaba y no sabía ya nada de él. Cada vez se fueron distanciando más, hasta llegar a un punto en el que lo único que los unía eran los recuerdos del pasado.

Las casualidades también se hacían insostenibles, y ella se sentía triste, pero nadie lo sabía. No quería que pensaran que era tonta, y si conociesen esta historia lo pensarían. Estaba ahogada en pensamientos que le atormentaban día a día.

Sí, estaba enamorada.